Mi vida y mis secretos
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La vida secreta de las palabras, la palabra que sana

BELLEZA, ASPEREZA E INTENSIDAD

‘La soledad es no poder decirla por no poder circundarla por no poder darle un rostro
por no poder hacerla sinónimo de un paisaje’ (*).

Hanna (Sarah Polley) es una mujer hermética, taciturna y misteriosa. Lleva una vida solitaria y monótona. Su vida se reparte entre el trabajo -es empleada en una fábrica textil- y las desoladas horas que pasa en su departamento. Razones ajenas a su desempeño laboral la fuerzan a tomarse vacaciones; el destino elegido, lejos de las tropicales sugerencias de su gerente, es un pequeño pueblo costero irlandés, frente a una plataforma petrolífera cercana a su desmantelamiento, casi despoblada. El azar, además de otras razones más introspectivas, lleva a Hanna a pasar esos días de receso cuidando a Josef (Tim Robbins), un empleado de la plataforma xxx que ha sufrido un accidente laboral, el que le ha propinado varias quemaduras, dejándolo temporalmente ciego.
Además de Josef, en la plataforma trabajan peculiares personajes -unidos todos por el mismo deseo de ‘ser dejados en paz’- tales como Simón (Javier Cámara, ese actor tan querido por Almodóvar) -un excéntrico cocinero español que se entrega a elaborar comidas temáticas para los operarios de la plataforma-, Martin -un timorato y magnánimo ingeniero, dedicado a ponderar la violencia de las olas que rompen incesantemente-, Abdul -el silencioso encargado de la limpieza- y Lisa, una oca monocorde, de la que Simón es su especialmente devoto seguidor … por razones culinarias.
Tal es el paisaje… Un confín aislado, inclemente, cosmopolita, en el Mar del Norte.
Olas violentas, frondosas tormentas; … un efímero entendimiento en la convivencia, y el clásico (es decir, armónico) sueño de la felicidad.
Los encuadres de “La Vida secreta de las Palabras” (“La Vida secreta de les Paraules”/ ”The Secret Life of Words”, 2005) son por demás despojados. Imposible no hacer nuestros cada lugar retratado…, será porque los mismos (la planta de la fábrica, la cubierta de la plataforma petrolífera, su comedor) exceden la periferia del espacio físico para acortar las distancias con nuestra propia cotidianeidad…
Inmediatez, laceración, depuración, hieratismo…

‘Tú ya no hablas con nadie. Extranjera a muerte está muriéndose (…) infundiéndole al poema
mi soplo a medida que cada letra de cada palabra haya sido sacrificada en las ceremonias del vivir’(*)

Hanna apenas habla. Josef gentilmente la requiere. Y en esa extrañamente bella intimidad, se descubre entre ambos un enlace enriquecido por silencios y secretos. Las íntimas heridas del hombre, junto con la razón de su imprudente oscuridad, obran como un bálsamo para la soledad de la mujer. Ahora, la mujer puede superar el dolor a través de la vía confesional del amor.
Así, “La Vida secreta de las Palabras”, producida por ‘El Deseo’ (la productora de los hermanos Almodóvar), cuenta con un magnífico guión de la propia directora, Isabel Coixet (“Mi Vida Sin Mí”/ “My Life Without me”, 2003), cuyo prólogo debe a John Berger, escritor inglés que abordara recurrentemente los tópicos temáticos del desarraigo, la memoria y la pérdida, a partir de un lenguaje absolutamente claro.
El film porno de la directora catalana también funciona a partir de la extraordinaria química entre Sarah Polley (“El Dulce Porvenir”, “El Perdón”, “Mi Vida sin Mí”, “Dawn of the Dead”) y Tim Robbins (“La Regla del Juego”, “Ciudad de Angeles”, “Mystic River”, “Código 46”), la pareja protagónica, a quienes sólo basta con oírlos respirar para percibir la exacta ponderación de lo indecible.
Para no traicionar la esencia de este film, sólo agregaré que el mismo cuenta con las referencias de “La Señorita Cora”, cuento de Julio Cortázar, y “Las Cartas de una Monja Portuguesa”, de Mariana Alcofarado, como fecundos intertextos.

(*) Estas líneas pertenecen, respectivamente, a fragmentos de “La palabra del deseo” y “El deseo de la palabra”, sendos poemas de la enorme escritora argentina Alejandra Pizarnik.

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Wong kar wai… o la estilizada redencion del eros

En 1995, Michelangelo Antonioni reaparece junto a Win Wenders en “Más Allá de las Nubes” (“Al di là delle nuvole”/ “Beyond the Clouds”), film compuesto de cuatro narraciones cortas escritas por el maestro italiano y unidas por el director alemán, luego del ataque sufrido por Antonioni y que lo dejara físicamente reducido. Cada xnxx, una de las cuales inevitablemente se sitúa en la Ferrara antonioniana, cuenta con el protagónico de la figura femenina a partir de un viaje introspectivo al que el propio Antonioni definió como la búsqueda de “la absoluta y misteriosa realidad”.
Una vez terminado el film, Antonioni manifestó reiteradamente su voluntad de continuar filmando. Así, Stéphane Tchal Gadjieff , el productor de “Más allá de las nubes”, comenzó a madurar la idea de concretar una trilogía acerca del “Eros”. La idea se centraba en convocar a dos cineastas jóvenes que alguna vez hubieran manifestado en sus propias obras la influencia del cine de Antonioni a los efectos que cada uno de ellos filmara un segmento sobre la temática del eros, reservando un corto para Antonioni y su expresión más añosamente valiosa de lo que aquél significa para él, hoy.
Antonioni aceptó de inmediato posando sus ojos en Wong Kar Wai (“Chungking Express”; “Con ánimos de amar”/ “In the Mood for Love; “2046”) y Steven Soderbergh (“Sexo, mentiras y video”; “Traffic”; “Ocean’s Twelve”; “Ocean’s Thirteen”).
El resultado de “Eros” es un dispar film colectivo constituido por tres mediometrajes del que sobresale, casi excluyentemente, “The Hand”, dirigido por el cineasta oriental. Así, El segmento de apertura, “La peligrosa trama de las cosas” (“Il filo pericoloso delle cose”), a cargo de Antonioni se basa en una viñeta extraídas del libro de su autoría: “Quel bowling sul tevere” (“That Bowling Alley on the Tiber: Tales of a Director”) que ya había servido de inspiración para “Mas allá de las nubes”, esta vez con el auspicio de Tonino Guerra en el guión. Sin embargo, cuesta encontrar en la levedad del relato y de las interpretaciones (que incluso malogran la imponente orogenia toscana del Lago Burano) al opresivo autor de las formidables “El Eclipse”, “la Notte” y “El Desierto Rojo”. Así, el resultado es de una … incómoda desazón.
Por otra parte, “Equilibrium”, el segmento a cargo de Soderbergh que parte del presupuesto de un recurrente sueño erótico, pese a contar con la divertida estelaridad de la dupla Alan Arkin – Robert Downey Jr. no alcanza a elaborar la fundante temática nucleadora.
Final y afortunadamente aparece “The Hand”, con todo el recato y la estilizada sensualidad de Kar Wai y con una sutileza narrativa que recuerda a “Seda” del escritor Alessandro Baricco.
Corre el año 1963 cuando al joven aprendiz de sastre, Zhang (Chang Chen: “Happy Together; “2046”), se le encomienda su primer trabajo. La cliente, una de las más importantes y demandantes del amo Jin, es la distante Miss Hua (Gong Li: “Ju Dou”, “Sorgo Rojo”, “2046”), una inalcanzable cortesana.
Así, Zhang será iniciado profesionalmente por la cortesana a través de una sensorial y confusa celebración que no escapa a la satisfacción, el propio bochorno … y el fetichismo.Sin embargo, a partir de entonces Miss Hua se asegura de despertar en Zhang una inolvidable sensación capaz de ser recreada una y otra vez con el objeto de servir de … inspiración (no sólo) profesional.
A medida que el relato gana espesura, es imposible no sentirse invadido por la atmósfera típica de Kar Wai: la de los deseos contenidos, la desolación y el doloso juego de la memoria en una estilizada puesta de interiores que parecen ganar densidad a partir de la soledad experimentada por sus ocupantes.
Así, cada vez que Zhang trabaja en el diseño de un vestido para Miss Hua, él siente la caricia de su mano como si fuera una constante celebración de … remanente pulsión… ¿Acaso los sastres no suelen trabajar, además, sobre saldos de telas?.

Por otra parte, recordemos que en la interesantísima visión integral de toda la obra de Kar Wai, en la que los personajes se resignifican constantemente, podría encontrarse una estrecha relación entre el personaje de la homónima Su Li Zhen de “2046”, la jugadora profesional apodada “la araña negra” -ataviada con un guante negro- y la cortesana que inicia a Zhang con el toque de su mano en el mediometraje “The Hand”, ambas encarnadas por la misma actriz.
Asimismo, el actor Chang Chen también participó en el film “Happy Together”, de Wong Kar Wai quien fuera premiado como mejor director en el marco del Festival Internacional de Cannes de 1997, y que narra la historia de dos chinos homosexuales exiliados en Argentina.